Néstor MedranoSanto Domingo
"Escritor. Mario Vargas LLosa, quien ganó este año el Premio Nobel de Literatura, escribió una novela sobre Trujillo."
El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa favoreció la apertura de un museo en el país dedicado a mostrar a las nuevas generaciones “los horrores” que se padecieron en la Era de Trujillo, así como “los crímenes horrendos, los abusos contra la mujer” y evitar “que nunca más un dictador se apodere de República Dominicana”.
Vargas Llosa, quien estudió la realidad dominicana en ese período de sombras de la satrapía trujillista para escribir su novela la Fiesta del Chivo, habló por primera vez para América Latina desde la obtención del Nobel de Literatura.
A través de una teleconferencia respondió preguntas de periodistas de medios de la región, entre los cuales estuvo representado el LISTÍN DIARIO, con ocasión de su nueva obra “El sueño del celta”, de la editorial Alfaguara. Cuando se le preguntó desde República Dominicana sobre las intenciones de hacer realidad un proyecto de ley que propugna en la Cámara de Diputados por la creación de un museo histórico sobre el dictador Trujillo, dijo que las nuevas generaciones deben ser edificadas sobre lo que significó en toda su integridad un régimen “sexista”, con abusos interminables y en una atmósfera en la que quienes detentaban el poder creían que la mujer era un objeto.
“Yo creo que sí, que habría que abrir un museo, un museo dedicado a los horrores de la Era de Trujillo, creo que no fueron lo suficientemente documentados y sería bueno que las nuevas generaciones sepan lo que es una dictadura integral, por lo que significó Trujillo”, explicó. El laureado escritor peruano dijo que el museo deberá exhibir lo que significó Trujillo y a seguidas citó lo que él considera fueron el dictador y su gobierno: “Crímenes horrendos, abusos... lo que fue ese régimen sexista, donde quienes estaban en el poder creían que podían disponer de la mujer y sería bueno que las nuevas generaciones conozcan esta historia, para que nunca más vuelvan a permitir que un dictador se apodere de la República Dominicana”.
Explicó que los países latinoamericanos no pueden caer en estados de ilegalidad, porque estos degenerarían, en el caso de República Dominicana, en dictaduras como las de Trujillo.
Al hablar sobre su novela “El sueño del celta”, condenó que las autoridades de nuestros países tengan “cierta complacencia” con la piratería y que incluso esta actividad ilícita se vea como algo natural, por los bajos precios que, en el caso de los libros, se aplican.
listin diario
COMO TRUJILLO NO HAY DOS
ResponderSuprimirTodavía no se han inventado las palabras que puedan captar esa personalidad multifacética de El Jefe. Hombre de espíritu renacentista, no desperdiciaba la oportunidad para hacer cualquier negocio, desde la sal, el ganado, el vidrio, el alcohol hasta el azúcar, la construcción, cacao, café, el pegapalo, etc. En las ciencias humanas, fue todo un pionero en el campo del tormento dosificado y la tortura in extremis, con refinadas innovaciones en esa misteriosa ciencia. También incursionó en el terreno de la psicología, experimentando con los límites de la humillación y resistencia humana entre sus más allegados, y también los alejados, descubrimientos que han hecho escuela en universidades orientales. El Jefe no se quedó atrás tampoco en otras ciencias, como la química, pues fue capaz de convertir grandes cantidades de fondos del Estado en otros estados de la materia más susceptibles de ser disfrutados.
Como estadista, dejó su huella más allá de nuestras fronteras, haciéndose sentir en la Venezuela de Betancourt, la Costa Rica de Figueres, la Guatemala de Jacobo Arbenz y hasta en la gran ciudad del Norte, Nueva York, donde dejó mucho de que hablar. Caló hondo en el alma del dominicano ya que en el país casi todos tienen algún inoportuno pariente cuya vida se cruzó con la del caudillo a su paso por la historia. Sin afectaciones de ningún tipo ni interés en llamar la atención, rigió los destinos de su país por más de 30 años cual recio almirante en las traicioneras aguas del Caribe, opacando con su gallardía la hazaña de aquel humilde genovés que otrora descubriera la isla en que el Benefactor siglos después hundiría su bota con firmeza. El Chivo, como le decían cariñosamente sus conciudadanos, era un hombre de pocos enemigos, tan amado por su pueblo que en sus últimos años evitaba nerviosamente cualquier contacto con las masas, según explicaban sus escoltas, para no ser atropellado por las hordas enardecidas al percibir su regia figura. ¡Ese era El Jefe!