LuxorLos antiguos egipcios la llamaban simplemente «Niout», la ciudad. Homero le dio el nombre de «Ciudad de las cien puertas».
Luxor posee un encanto indiscutible. Por todos lados, ya sea en los pasillos y jardines de los palacios, o sobre la fachada de un edificio del siglo XIX con balcones voladizos, flota un perfume caduco, el de la época de los colonos ingleses y de los monarcas egipcios, de las ricas damas inglesas, de los beys y los pachás. Al caer el sol, el templo de Luxor, muy cercano al más grande y turístico de los zocos, parece aislarse del mundo de los vivos. Sus columnas, sus estatuas colosales, sus bovedillas, recobran su calma, indiferentes a las carretas que pasan por allí. Mientras tanto, del otro lado del Nilo, el poblado de Gurna, sobre la falda de la montaña, se adormece dulcemente bajo unas estrellas más brillantes que nunca.
Ciudad en mutación
Desde hace casi medio siglo, las autoridades egipcias intentan reservar la orilla occidental de Luxor –y en particular la montaña de Gurna– exclusivamente para los turistas. Se trata, según afirman, de proteger los emplazamientos antiguos, principalmente las tumbas del Valle de los Nobles, y de ofrecer unas condiciones de vida digna a sus habitantes. Quienes habitan en el flanco de la montaña no tienen acceso al agua potable, ya que las canalizaciones podrían arruinar las tumbas. Es por ello que notará el incesante ir y venir de los burros, cargados con aljibes de buen tamaño, descendiendo la montaña y remontando con dificultad los escarpados caminos. Ha habido ya diversos intentos de reestructuración del lugar, uno de los cuales dio origen al «Nuevo Gurna», situado entre el Nilo y el viejo Gurna y diseñado por el arquitecto egipcio Hassan Fathy. Otra nueva aldea se encuentra al norte de la acrópolis tebana, al borde del desierto. Cada vez se repite el mismo escenario: las viviendas tradicionales son censadas y estudiadas, al igual que las condiciones de vida, las necesidades y las demandas de las familias. Se establecen los planos de una nueva aldea a cierta distancia del viejo Gurna… y un cierto número de familias se niega a mudarse. Porque las casas son demasiado pequeñas. O porque consideran que las compensaciones ofrecidas por la pérdida de su ubicación excepcional son insuficientes. Un nuevo proyecto de este tipo ha visto la luz en el 2006. Intenta evacuar a los habitantes del flanco de la montaña (Valle de los Nobles y cercanías del templo de Hatshepsut), pero también a quienes viven en la parte agrícola de la necrópolis tebana, por ejemplo en los caseríos de los alrededores del templo de Medinet Habu.
Luxor no deja de sorprendernos, da fe de ello el reciente descubrimiento espectacular, donde los colosos de Memnón, de una quincena de estatuas, especialmente de una estatua gigante (3,62 m de altura) de la esposa de Amenofis III, la reina Tiya,. Sin olvidar la momia de Tutankamon del Valle de los Reyes, la única momia egipcia conservada in situ, que ha sido expuesta en una vitrina de plexiglás, ofreciendo así a la mirada del público, por vez primera el rostro del Faraón niño.
Desde hace casi medio siglo, las autoridades egipcias intentan reservar la orilla occidental de Luxor –y en particular la montaña de Gurna– exclusivamente para los turistas. Se trata, según afirman, de proteger los emplazamientos antiguos, principalmente las tumbas del Valle de los Nobles, y de ofrecer unas condiciones de vida digna a sus habitantes. Quienes habitan en el flanco de la montaña no tienen acceso al agua potable, ya que las canalizaciones podrían arruinar las tumbas. Es por ello que notará el incesante ir y venir de los burros, cargados con aljibes de buen tamaño, descendiendo la montaña y remontando con dificultad los escarpados caminos. Ha habido ya diversos intentos de reestructuración del lugar, uno de los cuales dio origen al «Nuevo Gurna», situado entre el Nilo y el viejo Gurna y diseñado por el arquitecto egipcio Hassan Fathy. Otra nueva aldea se encuentra al norte de la acrópolis tebana, al borde del desierto. Cada vez se repite el mismo escenario: las viviendas tradicionales son censadas y estudiadas, al igual que las condiciones de vida, las necesidades y las demandas de las familias. Se establecen los planos de una nueva aldea a cierta distancia del viejo Gurna… y un cierto número de familias se niega a mudarse. Porque las casas son demasiado pequeñas. O porque consideran que las compensaciones ofrecidas por la pérdida de su ubicación excepcional son insuficientes. Un nuevo proyecto de este tipo ha visto la luz en el 2006. Intenta evacuar a los habitantes del flanco de la montaña (Valle de los Nobles y cercanías del templo de Hatshepsut), pero también a quienes viven en la parte agrícola de la necrópolis tebana, por ejemplo en los caseríos de los alrededores del templo de Medinet Habu.
Luxor no deja de sorprendernos, da fe de ello el reciente descubrimiento espectacular, donde los colosos de Memnón, de una quincena de estatuas, especialmente de una estatua gigante (3,62 m de altura) de la esposa de Amenofis III, la reina Tiya,. Sin olvidar la momia de Tutankamon del Valle de los Reyes, la única momia egipcia conservada in situ, que ha sido expuesta en una vitrina de plexiglás, ofreciendo así a la mirada del público, por vez primera el rostro del Faraón niño.
Luxor posee un encanto indiscutible. Por todos lados, ya sea en los pasillos y jardines de los palacios, o sobre la fachada de un edificio del siglo XIX con balcones voladizos, flota un perfume caduco, el de la época de los colonos ingleses y de . .
Los antiguos egipcios la llamaban simplemente «Niout», la ciudad. Homero le dio el nombre de «Ciudad de las cien puertas». Vivant Denon, que acompañaba a las tropas de Napoleón Bonaparte, escribió: «La ciudad era un espectro tan inconmensurable para nuestra imaginación que el ejército napoleónico, ante la vista de sus ruinas dispersas, se detuvo en seco. En un acto espontáneo, nos pusimos todos a aplaudir.»
Luxor, la Ciudad de los Vivos
En los tiempos de esplendor de Menfis, Tebas no era nada. Nada, salvo una pequeña aldea. Fue Mentuhotep (Imperio Medio, 2061-2010 a.C.), rey tebano y artífice de la unificación del Bajo y del Alto Egipto, quien hizo de Tebas la capital del Imperio. Tebas destronó así a la meridional Menfis, carcomida por las luchas intestinas. La nueva capital vivió su apogeo durante el Nuevo Imperio, dotándose de grandiosos monumentos. A partir del reinado de Tutmés III (1484-1450 a.C.), quien gobernara Tebas extendía su autoridad hasta las orillas del Éufrates al norte-este, al este hasta los confines de Libia, al oeste y al sur hasta Sudán.La margen derecha, donde se encuentra Luxor hoy en día, era la ciudad de los vivos, enteramente consagrada a Amón, oscura deidad local promovida al rango de dios principal en lugar de Ra. Los sacerdotes de Amón acumularon tal omnipotencia que no se les escapaba nada que tuviese relación con el poder. Amenofis IV (1372-1354 a.C.) lo comprobó en carne propia, cuando decidió abandonar a Amón y al panteón de los dioses por el culto monoteísta de Atón. Tras la muerte del faraón, y una vez destruida la ciudad de Tell el-Amarna dedicada al nuevo culto, los servidores de Amón se encargaron de restablecer el poder del dios… y por consiguiente el suyo.Más allá de sus conquistas y sus guerras contra los pueblos enemigos –hititas y libios, entre otros–, los sucesivos faraones, considerados como encarnaciones divinas y venerados como tales, intentaban asegurar su grandeza y posteridad. Para ello, se encargaron de ampliar y embellecer los dos templos erigidos a la gloria de Amón: el complejo de Karnak y el más modesto templo de Luxor… aunque siempre buscando, a veces con exceso de celo, hacer olvidar el prestigio de sus predecesores.
Luxor, capital egipcia del turismo
La decadencia de la civilización de los faraones y su posterior desaparición repercutieron gravemente sobre Luxor. Los monumentos, antes reservados a los altos dignatarios y a los sacerdotes que servían a los todopoderosos dioses, adorados y temidos, cobijan ahora pequeñas casas de ladrillo, comunes y corrientes. Porque sólo los altos y gruesos muros de los templos ofrecían una protección eficaz contra los bandidos de la época.En los primeros siglos de la era cristiana, los seguidores de la nueva fe construyeron sus iglesias en los recintos sagrados de los egipcios de la época faraónica, como los templos de Luxor y Karnak, donde aún son visibles las cruces grabadas sobre la piedra. Luxor no representó ningún interés para los ejércitos árabes venidos a difundir el Islam. Los líderes musulmanes fundan El Cairo, y la magnificencia de la civilización islámica se desarrolla cientos de kilómetros al norte de la antigua capital.
Cuando los europeos redescubren la civilización faraónica, cuyos primeros trofeos llegaron en las maletas de la expedición guerrera de Napoleón a finales del siglo XVIII, Luxor duerme aún. Los dibujos y las acuarelas de la época lo demuestran. Los templos están cubiertos de arena, los rebaños de animales domésticos se pasean entre las columnas de las cuales sólo sobresalen del suelo los capiteles. Pero la moda egipcia y el orientalismo se adueñan de Europa. La Descripción de Egipto, escrito por los letrados que acompañaban al ejército de Napoleón, es una clara muestra de ello. Las exposiciones de obras antiguas, de joyas, de momias, son muy frecuentes. Y a partir de mediados del siglo XIX, Luxor se afirma como destino turístico, aunque en aquella época, por supuesto, reservado a un puñado de visitantes adinerados.
Los antiguos egipcios la llamaban simplemente «Niout», la ciudad. Homero le dio el nombre de «Ciudad de las cien puertas». Vivant Denon, que acompañaba a las tropas de Napoleón Bonaparte, escribió: «La ciudad era un espectro tan inconmensurable para nuestra imaginación que el ejército napoleónico, ante la vista de sus ruinas dispersas, se detuvo en seco. En un acto espontáneo, nos pusimos todos a aplaudir.»
Luxor, la Ciudad de los Vivos
En los tiempos de esplendor de Menfis, Tebas no era nada. Nada, salvo una pequeña aldea. Fue Mentuhotep (Imperio Medio, 2061-2010 a.C.), rey tebano y artífice de la unificación del Bajo y del Alto Egipto, quien hizo de Tebas la capital del Imperio. Tebas destronó así a la meridional Menfis, carcomida por las luchas intestinas. La nueva capital vivió su apogeo durante el Nuevo Imperio, dotándose de grandiosos monumentos. A partir del reinado de Tutmés III (1484-1450 a.C.), quien gobernara Tebas extendía su autoridad hasta las orillas del Éufrates al norte-este, al este hasta los confines de Libia, al oeste y al sur hasta Sudán.La margen derecha, donde se encuentra Luxor hoy en día, era la ciudad de los vivos, enteramente consagrada a Amón, oscura deidad local promovida al rango de dios principal en lugar de Ra. Los sacerdotes de Amón acumularon tal omnipotencia que no se les escapaba nada que tuviese relación con el poder. Amenofis IV (1372-1354 a.C.) lo comprobó en carne propia, cuando decidió abandonar a Amón y al panteón de los dioses por el culto monoteísta de Atón. Tras la muerte del faraón, y una vez destruida la ciudad de Tell el-Amarna dedicada al nuevo culto, los servidores de Amón se encargaron de restablecer el poder del dios… y por consiguiente el suyo.Más allá de sus conquistas y sus guerras contra los pueblos enemigos –hititas y libios, entre otros–, los sucesivos faraones, considerados como encarnaciones divinas y venerados como tales, intentaban asegurar su grandeza y posteridad. Para ello, se encargaron de ampliar y embellecer los dos templos erigidos a la gloria de Amón: el complejo de Karnak y el más modesto templo de Luxor… aunque siempre buscando, a veces con exceso de celo, hacer olvidar el prestigio de sus predecesores.
Luxor, capital egipcia del turismo
La decadencia de la civilización de los faraones y su posterior desaparición repercutieron gravemente sobre Luxor. Los monumentos, antes reservados a los altos dignatarios y a los sacerdotes que servían a los todopoderosos dioses, adorados y temidos, cobijan ahora pequeñas casas de ladrillo, comunes y corrientes. Porque sólo los altos y gruesos muros de los templos ofrecían una protección eficaz contra los bandidos de la época.En los primeros siglos de la era cristiana, los seguidores de la nueva fe construyeron sus iglesias en los recintos sagrados de los egipcios de la época faraónica, como los templos de Luxor y Karnak, donde aún son visibles las cruces grabadas sobre la piedra. Luxor no representó ningún interés para los ejércitos árabes venidos a difundir el Islam. Los líderes musulmanes fundan El Cairo, y la magnificencia de la civilización islámica se desarrolla cientos de kilómetros al norte de la antigua capital.
Cuando los europeos redescubren la civilización faraónica, cuyos primeros trofeos llegaron en las maletas de la expedición guerrera de Napoleón a finales del siglo XVIII, Luxor duerme aún. Los dibujos y las acuarelas de la época lo demuestran. Los templos están cubiertos de arena, los rebaños de animales domésticos se pasean entre las columnas de las cuales sólo sobresalen del suelo los capiteles. Pero la moda egipcia y el orientalismo se adueñan de Europa. La Descripción de Egipto, escrito por los letrados que acompañaban al ejército de Napoleón, es una clara muestra de ello. Las exposiciones de obras antiguas, de joyas, de momias, son muy frecuentes. Y a partir de mediados del siglo XIX, Luxor se afirma como destino turístico, aunque en aquella época, por supuesto, reservado a un puñado de visitantes adinerados.
Geografía
Mapa del Antiguo Egipto.
Está situada en el valle del Nilo, a orillas del cual se encuentra Luxor; a unos centenares de metros más allá del río desaparece toda la vegetación y se extiende el desierto, a ambos lados. La ribera occidental posee relieve muy escarpado. El clima es cálido y seco, y la temperatura suele superar los 40º en verano.
Historia
Artículo principal: Tebas (Egipto)
Luxor forma parte de la antigua ciudad llamada Uaset (en egipcio antiguo), o Tebas (en griego), denominada por Homero "La ciudad de las cien puertas", por las numerosas puertas en sus murallas, y por los árabes Al-Uqsur la "Ciudad de los Palacios", por sus hermosos edificios, tomados como palacios.
Es la ciudad de los grandes templos del antiguo Egipto (Luxor y Karnak), y de las célebres necrópolis de la ribera occidental, donde se enterró a los faraones y nobles del Imperio Nuevo de Egipto, denominados el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas.
Durante el comienzo del Imperio Antiguo, la capital egipcia era Menfis. Tebas sucede a Menfis, c. de 2050 a. C., como capital durante la undécima dinastía egipcia, siendo durante unos 1.500 años la capital del Antiguo Egipto
Monumentos y lugares de interés arqueológico
Templo de Luxor
Artículo principal: Templo de Luxor
El templo de Luxor, fue realizado durante el Imperio Nuevo. Estaba unido al templo de Karnak mediante una avenida (dromos) flanqueada por esfinges. Fue construido por dos faraones fundamentalmente, Amenhotep III (construyó la zona interior) y Ramsés II, que finalizó el templo. También otros faraones contribuyeron al embellecimiento del recinto con decoraciones, construcciones menores, bajorrelieves y otros cambios, como Ajenatón, Tutankamón, Horemheb, Nectanebo I y Alejandro Magno.
Templo de Luxor, puerta de entrada: estatuas sedentes de Ramsés II
El templo, constaba de dromos, dos grandes obeliscos, situados a cada lado de la puerta de entrada (uno fue trasladado y erigido en la Plaza de la Concordia de París en 1833), y dos grandes estatuas sedentes, ante los pilonos, del monarca Ramsés II.
Dispone de un gran patio, columnata procesional, atrio, sala hipóstila, salas de Mut, Jonsu, y Amón-Min, cámara del nacimiento, sala de ofrendas, vestíbulo, santuario de la barca y varios santuarios.
En la zona nordeste del primer patio se construyó siglos atrás una pequeña mezquita, que presta sus servicios en la actualidad, perpetuándose el carácter religioso del lugar.
Templo de Karnak
Artículo principal: Templo de Karnak
El templo de Karnak, en el antiguo Egipto especialmente durante el Imperio Nuevo, fue el más influyente centro religioso. El templo principal estaba dedicado al culto del dios Amón, pero como en otros templos egipcios también se veneraba a otras divinidades.
Este complejo, es el centro religioso conocido más antiguo del mundo. Es un enorme museo a cielo abierto que muestra importantes restos de la cultura del antiguo Egipto. Es el segundo lugar más visitado de Egipto, después de las pirámides de Giza. Está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con otros restos de la antigua Tebas.
Valle de los Reyes
Artículo principal: Valle de los Reyes
El Valle de los Reyes era el lugar, durante el Imperio Nuevo, donde se enterraba a los faraones, en hipogeos. Aquí se sepultaron los reyes de las dinastías XVIII, XIX y XX, así como algunas reinas, príncipes, nobles e incluso animales.
Valle de las Reinas
Artículo principal: Valle de las Reinas
En el Valle de las Reinas fueron enterradas reinas y príncipes de las dinastías XIX y XX, aunque también se han encontrado algunas de épocas anteriores. Se encuentra situado al sudoeste del Valle de los Reyes, frente a Luxor, en la ribera occidental del Nilo, y es un lugar más pequeño y con un tipo de roca de peor calidad que la del Valle de los Reyes. Recibió el nombre egipcio Ta Set Neferu "el lugar de la belleza", y en árabe es el actual Biban el-Harim.
Colosos de Memnón
Los Colosos de Memnón
Artículo principal: Colosos de Memnón
Los colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas de piedra del faraón Amenhotep III situadas al oeste de la ciudad egipcia de Luxor, cerca de Medinet Habu.
Los Colosos de Memnón son dos estatuas gemelas que representan a Amenhotep III en posición sedente. Están talladas en bloques de cuarcita, traída especialmente desde Giza y las canteras de Gebel el-Silsila, al norte de Asuán, incluso las bases de piedra; estas estatuas tienen una altura total de dieciocho metros.
Mapa del Antiguo Egipto.
Está situada en el valle del Nilo, a orillas del cual se encuentra Luxor; a unos centenares de metros más allá del río desaparece toda la vegetación y se extiende el desierto, a ambos lados. La ribera occidental posee relieve muy escarpado. El clima es cálido y seco, y la temperatura suele superar los 40º en verano.
Historia
Artículo principal: Tebas (Egipto)
Luxor forma parte de la antigua ciudad llamada Uaset (en egipcio antiguo), o Tebas (en griego), denominada por Homero "La ciudad de las cien puertas", por las numerosas puertas en sus murallas, y por los árabes Al-Uqsur la "Ciudad de los Palacios", por sus hermosos edificios, tomados como palacios.
Es la ciudad de los grandes templos del antiguo Egipto (Luxor y Karnak), y de las célebres necrópolis de la ribera occidental, donde se enterró a los faraones y nobles del Imperio Nuevo de Egipto, denominados el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas.
Durante el comienzo del Imperio Antiguo, la capital egipcia era Menfis. Tebas sucede a Menfis, c. de 2050 a. C., como capital durante la undécima dinastía egipcia, siendo durante unos 1.500 años la capital del Antiguo Egipto
Monumentos y lugares de interés arqueológico
Templo de Luxor
Artículo principal: Templo de Luxor
El templo de Luxor, fue realizado durante el Imperio Nuevo. Estaba unido al templo de Karnak mediante una avenida (dromos) flanqueada por esfinges. Fue construido por dos faraones fundamentalmente, Amenhotep III (construyó la zona interior) y Ramsés II, que finalizó el templo. También otros faraones contribuyeron al embellecimiento del recinto con decoraciones, construcciones menores, bajorrelieves y otros cambios, como Ajenatón, Tutankamón, Horemheb, Nectanebo I y Alejandro Magno.
Templo de Luxor, puerta de entrada: estatuas sedentes de Ramsés II
El templo, constaba de dromos, dos grandes obeliscos, situados a cada lado de la puerta de entrada (uno fue trasladado y erigido en la Plaza de la Concordia de París en 1833), y dos grandes estatuas sedentes, ante los pilonos, del monarca Ramsés II.
Dispone de un gran patio, columnata procesional, atrio, sala hipóstila, salas de Mut, Jonsu, y Amón-Min, cámara del nacimiento, sala de ofrendas, vestíbulo, santuario de la barca y varios santuarios.
En la zona nordeste del primer patio se construyó siglos atrás una pequeña mezquita, que presta sus servicios en la actualidad, perpetuándose el carácter religioso del lugar.
Templo de Karnak
Artículo principal: Templo de Karnak
El templo de Karnak, en el antiguo Egipto especialmente durante el Imperio Nuevo, fue el más influyente centro religioso. El templo principal estaba dedicado al culto del dios Amón, pero como en otros templos egipcios también se veneraba a otras divinidades.
Este complejo, es el centro religioso conocido más antiguo del mundo. Es un enorme museo a cielo abierto que muestra importantes restos de la cultura del antiguo Egipto. Es el segundo lugar más visitado de Egipto, después de las pirámides de Giza. Está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con otros restos de la antigua Tebas.
Valle de los Reyes
Artículo principal: Valle de los Reyes
El Valle de los Reyes era el lugar, durante el Imperio Nuevo, donde se enterraba a los faraones, en hipogeos. Aquí se sepultaron los reyes de las dinastías XVIII, XIX y XX, así como algunas reinas, príncipes, nobles e incluso animales.
Valle de las Reinas
Artículo principal: Valle de las Reinas
En el Valle de las Reinas fueron enterradas reinas y príncipes de las dinastías XIX y XX, aunque también se han encontrado algunas de épocas anteriores. Se encuentra situado al sudoeste del Valle de los Reyes, frente a Luxor, en la ribera occidental del Nilo, y es un lugar más pequeño y con un tipo de roca de peor calidad que la del Valle de los Reyes. Recibió el nombre egipcio Ta Set Neferu "el lugar de la belleza", y en árabe es el actual Biban el-Harim.
Colosos de Memnón
Los Colosos de Memnón
Artículo principal: Colosos de Memnón
Los colosos de Memnón son dos gigantescas estatuas de piedra del faraón Amenhotep III situadas al oeste de la ciudad egipcia de Luxor, cerca de Medinet Habu.
Los Colosos de Memnón son dos estatuas gemelas que representan a Amenhotep III en posición sedente. Están talladas en bloques de cuarcita, traída especialmente desde Giza y las canteras de Gebel el-Silsila, al norte de Asuán, incluso las bases de piedra; estas estatuas tienen una altura total de dieciocho metros.
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