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sábado, 19 de septiembre de 2009

Bogotá Colombia

Bogotá es la ciudad capital de Colombia y centro principal del Distrito Capital, dividido en 20 localidades. Además, es la capital del departamento de Cundinamarca. Está ubicada en el centro del país en la zona conocida como Sabana de Bogotá que, a su vez, hace parte del Altiplano Cundiboyacense, meseta ubicada en la Cordillera Oriental, ramal de la Cordillera de los Andes. Su población es de 6.776.009 habitantes,[2] mientras que su área metropolitana (no establecida oficialmente, pero existente de facto) tiene 7.881.156 personas.[2] Alcanza a ocupar más de 40 km de sur a norte, y 20 de oriente a occidente, dándole una gran área de territorio.[4]
Como capital, alberga los organismos de mayor jerarquía de la rama ejecutiva (Casa de Nariño), legislativa (Congreso Nacional) y judicial (Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional y Consejo de Estado). En el plano económico se destaca como un importante centro económico e industrial.[5]
La ciudad es la mas poblada del pais, ademas de ser el centro cultural y económico más importante de Colombia y uno de los principales de América Latina. La importante oferta cultural se encuentra representada en la gran cantidad de museos, teatros y bibliotecas, siendo algunos de ellos los más importantes del país. Además, es sede de importantes festivales de amplia trayectoria y reconocimiento nacional e internacional. También se destaca la actividad académica, ya que algunas de las universidades colombianas más importantes tienen su sede en la ciudad. Es de destacar que la UNESCO otorgó a la ciudad el título de Capital mundial del libro para el año 2007.
La capital de Colombia, se encuentra situada en las siguientes coordenadas:
Latitud Norte: 4° 35'56'' y Longitud Oeste de Grennwich: 74°04'51'' dentro de la zona de confluencia intertropical, produciendo dos épocas de lluvia; en la primera mitad del año en los meses de marzo, abril y mayo y en la segunda en los meses de septiembre, octubre y noviembre.
Descansa sobre la extensión noroccidental de la cordillera de Los Andes en una sabana con gran variedad de climas, tipos de suelos, cuerpos de aguas y otras formaciones naturales.
Como Bogotá está ubicada entre montañas, estas sirven como barrera natural que restringe el flujo de humedad, influyendo en el régimen de lluvias.
La temperatura varía de acuerdo con los meses del año, en diciembre, enero y marzo son altas, al contrario de abril y octubre en donde son más bajas.
La orientación general de la ciudad, está determinada porque sus carreras son orientadas de sur a norte y sus calles de oriente a occidente.
Su altura media está en los 2.600 metros sobre el nivel del mar.
Límites:
Norte: Municipio de Chía.
Oriente: Cerros orientales y los municipios de la Calera, Choachí, Ubaque, Chipaque, Une y Gutiérrez.
Sur: Departamentos del Meta y del Huila.
Occidente: Río Bogotá y municipios de Cabrera, Venecia, San Bernardo, Arbeláez, Pasca, Sibaté, Soacha, Mosquera, Funza y Cota.
Los municipios que rodean a Bogotá ofrecen a los visitantes el encanto de sus hermosos paisajes, su arquitectura, sus gentes campesinas y deliciosos platos típicos. De sur a norte están Mosquera, Madrid, Funza, Facatativá, Subachoque, El Rosal, Tabio, Tenjo, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Nemocón, La Calera, Sopó, Tocancipá, Gachancipá, Sesquilé, Chocontá y Guatavita.


Volver a tomar un café, sentado en La Romana, mirando afuera las palomas que juguetean bajo la llovizna, como si no hubieran pasado ya 30 o 40 años desde la última vez, fue un privilegio. Para un visitante que vuelve, es una gratísima sorpresa encontrar a Bogotá tan evolucionada, pero a la vez tan "ella" como siempre.
Es que ha cambiado considerablemente, no para dejar de ser lo que fue. No. Si ya no fuera "ni sombra de lo que fue", como dice el viejo dicho, entonces no tendría gracia.
Digamos más bien que la sombra se ha disipado para que brille aquello que fue, en maravilloso contraste con lo que llegó.
Lo que llegó, no desplazó el verde de mil matices que la rodea y que desde el avión se ve como una inmensa colcha de retazos. Monserrate y su excelente servicio de transporte hasta la cima, es aún el romántico e insuperable mirador y templo de peregrinos. Por su falda y las de los cerros vecinos, culebrea una vía, verde y muy entretenida, que deja ver cómo la ciudad alarga el rectángulo, desarrollándose de sur a norte y viceversa.
La llegada del Transmilenio que venía a dar una solución al transporte masivo, si bien aún no cumple del todo con su cometido, ha llenado la ciudad de obras que le dan aspecto de gran metrópoli y sin perder la gracia, pues el cemento se mezcla con el verde sin reemplazarlo. Las obras han sido diseñadas con aceptable gusto y han cumplido con llevar al caminante a conducirse con orden y con seguridad para sí mismo. El adoquín adorna los paseos peatonales, que si bien no son suficientes, son muchos más que antes.
Las ciclovías parecen acercarse poco a poco a cumplir con su inteligente propósito de ofrecer una alternativa de transporte propio, barato y sin arriesgar la vida. Claro que con la manía de llover que tiene Bogotá, la bicicleta es un reto, pero al fin y al cabo, los bogotanos son admirados porque aprendieron a convivir con la lluvia sin detener su ritmo de trabajo y de vida.
Los parques y zonas verdes, manejados ahora con el concepto de la gran ciudad que necesita esparcimiento y aire puro para sus habitantes, llenan la ciudad y da gusto pasar por lo que antes fuera solamente el salitre y ver todo un complejo de parques de diversiones, instalaciones para deportes populares, bibliotecas, museos, centros de eventos, clubes deportivos, etc. Visto desde el aire se puede conmensurar como una considerable parte del espacio central de la ciudad dedicado al bienestar de sus habitantes, no siendo el único pues se pueden ver obras periféricas del mismo tipo alrededor de la ciudad.
Visitar lugares tradicionales de Bogotá, como La Candelaria, es dar gracias a los responsables del cambio, de que sea posible pasear de noche y dejar que sus callejuelas adoquinadas y balcones nos cuenten por sí solas fascinantes historias de aquella época. No necesitaremos de un guía para que aquella ventanita de San Carlos nos traiga a la mente la aciaga noche septembrina de nuestro Libertador o para disfrutar de una buena cena o un buen aperitivo allí por el chorro de Quevedo.
Comprendiendo que para describirla aquí en el exterior no podremos hacer comparaciones, pues sus encantos son únicos, valdría la pena destacar lo comercial y entonces sí comparar sus centros comerciales y decir que no tienen nada que envidiarle a los del resto del mundo. Están a la misma altura en diseño, elegancia, modernismo, accesibilidad y también en precios, para mal de los bogotanos.


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