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sábado, 18 de julio de 2009

Monumentos y lugares/Laguna Gri-Grí


Laguna Gri-Grí


Hay, dentro y en los alrededores de la Dominicana tierra, una especie de encanto, que no se encuentra en otras latitudes de esaa nuestra bienamada tierra. (Esto es verdad; no es patriotería)
La Divina Providencia es suma sabiduría, y nunca ha sido amiga de las reproducciones.
De ahí que cada pueblo, cada pedacito de mundo -como cada gente- tenga sus peculiaridades. Y sus encantos.
Por la parte norte de Dominicana, hay un pueblito que se llama Río San Juan. Es “una cosita de postal”. En eso de la trabajadera, de los empleos, no es cosa buena. Su gente se quejaba el otro día de que, por las necesidades, ese pueblo podría irse a la ruina.
Pero en lo natural, en lo poético, encierra un montón de cosas que pone al ánima humana en un nivel, un poquitín más arriba, de lo meramente material.
La Laguna Gri-Grí, quisiera ser como un canto de grillos, pero de día. Allí la Naturaleza madre se pone a entretejer bellezas, que estremecen el sentido estético, no sólo de quienes van de fuera, sino de los que fueron paridos en aquella tierra dominicana, llamada Cuna de la Civilización del Nuevo Mundo.
Puede uno, untarse de primavera perenne, yéndose a las cuevitas-en yola-adonde van a dejar sus huevitos, aquellas golondrinitas, que no provienen de San Juan de Capistrano, de California, sino que hacen un viaje más largo: van desde el Brasil del candomblé y la macumba, a Dominicana, donde el vudú tiene su acomodo.
El piar de aquellas golondrinitas brasileñas se junta con el raro azul de la mar, en ese sitio. Y para arrobar más el ánima humana, quien va allí, en yola, puede disfrutar, en la profundidad de ese suelo marino, la magnificencia de los corales.
Ahí, en ese pedazo de mar, junto a las cuevas, se conjugan algunos azules.
Como los azules aquellos de Capri, la isla italiana, por donde nos cuenta el bienaventurado Homero, en su Ilíada y en La Odisea, las peripecias del legendario Ulises.
La diferencia -¡claro!- es un poco grande. Porque en adición a la belleza del color marino, en la Laguna Gri-Grí hay otros colores que dicen mucho de la inmensidad de los colores, y de la vida misma.
Porque al lado de la dicha laguna hay una playa, en donde la arena es amarilla; gruesa. Caliente, conmovedora, como las caderas de la negra caribeña, donde se resume todo el vigor del vecindario antillano.
A aquella playa le llaman El Caletón.
Y cuando, desde tierra, uno se mente en yola hacia la mar, para adentrarse en las cuevas en donde se oye el piar de las golondrinas, uno casi va tocando fondo.
Y las raíces de los mangles como que tejen un suelo, con la arena blanca, para dibujar un paisaje extraño, en donde el humano sentir se enaltece.
Es cuando uno olvida las penas.
Y las deudas.
Y se pone, sin prender vela ni hacer oraciones de boca, a darle gracias a Dios por tan grande beneficencia.
Gri-Grí, como otros centros maravillosos que Mamá Natura ha hecho en la Dominicana tierra, tiene sus desencantos. Como éste: no hay medios de acomodarse uno de acuerdo a como hoy día manda la civilización.



Encuéntrase uno que otro muchacho juguetón, chocando caracoles.
Y de entre ellos, alguno que quiere sacarle ventaja-desmesurada- a los turistas.
Pero todo eso es justo; es el ejercicio de la humanidad, con sus grandezas y cojeras.
Esas cosas que se ven tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo.


Ponte tú a pensar: ¿No es satisfacción grande, el poder echarte a la mar, en un lugar bajo y limpio. Retozar en agua clara con las raíces de los mangles, y luego oír el cantar de las golondrinas, entonando un salmo a la vida, como si quisieran imitar al hijo del sabio Salomón?
Y justo al lado, en El Caletón, ponerte a estrujar en tus manos, y empujar con tus pies, la arena amarilla, gruesa, mientras que las pequeñas olas llevan a tus pies - o a tu cintura- la energía y el cariño de las Ondinas y Nereidas?


Alguien dijo que París, bien vale una misa.
Nosotros creemos que la Laguna Gri-Grí vale, por lo menos, una hora santa.






Sus cristalinas aguas transmiten Paz y frescura y desde lejos se observa un espacio natural admirable y digno de escudriñar completo. Una hermosa y abundante laguna al borde de las costas de Río San Juan permiten apreciar la pureza de sus aguas. La laguna Grigrí le invita a internarse entre Los peces, aves, mangles y varios tipos de árboles que además de la frescura, sus ramas sirven de techo en toda el área para acoger a sus visitantes. Es atractivo principal de toda la región Nordeste y una de las lagunas más importantes del País.






Visitar Río San Juan resulta una experiencia impresionante, encontrar una fuente virgen de naturaleza viva. El canal de dulces y cristalinas aguas que forman el río subterráneo y Los manantiales de la Laguna del Grigrí, tiene en promedio un kilómetro de extensión y unos metros antes se junta con las aguas del mar para confabularse ambas corrientes y formar un arco iris acuático digno de admirar. El recorrido acostumbrado de Los visitantes de la fuente natural es de dos kilómetros, uno debajo de la sombra de Los mangles y árbol Grigrí, y otro mar adentro, donde el visitante aprecia Los bancos de corales amarillos, azules y negros que se encuentran camino al lugar de destino del paseo, la cueva de las golondrinas. Esta caverna no se sabe el tiempo de su formación, posee una entrada magistral y una piscina interior como ninguna otra. Además de lo impresionante de su albufera natural, no menos impresionantes son sus playas como; Caletón, la playa de mino y playa grande.




El nombre de Gri-Grí fue dado por los habitantes de Rio San Juan, debido a que en su alrededor predomina un árbol con el nombre Gri-Grí en extensas cantidades, por tanto se considero que era el nombre más adecuado.


Esta laguna es visitada diariamente por turistas internos y extranjeros, al llegar a la laguna podrá encontrar la Asociación de Botes de dicha comunidad, la cual ofrecen excursiones en embarcaciones que van hasta la desembocadura de esta laguna en el mar. Es una excursión educativa en el que se va dando detalles de la laguna y que permite al turista entender la importancia de este pulmón ecológico de la República Dominicana.


En las aguas de esta laguna año tras año desde el 1997 se monta una tarima para celebrar el carnaval de este municipio, el cual es el único en el mundo en su género, ya que los artistas que diseñan los disfraces y mascaras se inspiran en las especies marinas, es todo un espectáculo.
La zona cuenta con hoteles, farmacias y lugares de comida para ofrecer servicio a los turistas, el trayecto en bote desde el puerto de la laguna hasta el regreso a ese mismo punto tarda unos 30 minutos, si vas a visitar la laguna Gri-Gri no olvides llevar tu cámara.




Fuentes






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