
LAS REALES ATARAZANAS
Hoy sede de restaurantes, boutiques y casas de arte. El edificio, a tres naves, construido en ladrillos, con columnas de entrada en piedra, fue depósito de las mercancías en exportación y aduana. Primera sede de las contrataciones, donde en el 1859 fue vendida en pública subasta la primera lámpara de gas. Edificio único en América. Otro similar en el mundo, sólo en Barcelona.
Es importante señalar que el barrio de Las Atarazanas o de La Atarazana, como hoy se conoce, fue el primer barrio español de América. La importancia del desembarco de frutos y de naves en la zona, el movimiento portuario primegenio de la colonia, así como la presencia del núcleo colonial gobernante al sur del barrio, dieron a la zona prestancia económica.
Este proceso siguió, continuó durante siglos, por cuanto en la zona establecida entre San Diego y Las Atarazanas, y en las márgenes occidentales del Ozama, según lo recalca Francisco Veloz M., en su obra La Misericordia y Sus Contornos, se establecieron los mercados populares que nutrieron la ciudad, y en donde, como bien lo apunta Luis E. Alemar, desembarcaban, viniendo desde la zona norte del río Ozama, las canoas cargadas de productos, tradición que parece haberse iniciado en 105 días coloniales tempranos.
La importancia de Las Atarazanas Reales, protegidas por portalón y murallas, parece haber sido tanta que el camino de ronda iba, sobre la misma muralla, desde Las Atarazanas hasta el Palacio de Diego Colón, y descendía por rampa hacia la calle Las Damas. Mucho más tarde, en el siglo XVII cuando se terminaron los paños de muralla del norte de la ciudad, la ronda cubrió Santa Bárbara y San Antón, hasta el Fuerte de la Concepción, enclavado en las esquinas Palo Hincado y avenida Mella de la ciudad de Santo Domingo.
El barrio de Las Atarazanas o de La Atarazana, sin embargo, se inició como barrio de gente pobre, ligada al tráfico marinero, a los mercados y a las actividades cotidianas de la clase depauperada, según lo refiere el censo que en 1586 se levantara luego de la invasión de Francis Drake. Luego de una mala reputación, en la que no faltaron los quehaceres del cabaret y la bohemia, el barrio fue restaurado por el Estado dominicano, obteniendo una brillantez jamás soñada.
Fuentes
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