

El Palacio Real de Madrid fue construido en el siglo XVIII, por orden de Felipe V, sobre un antiguo solar del antiguo Alcázar, antes castillo musulmán. Sachetti comenzó la obra en 1738, y se finalizó en 1764. Sabatini realizó el ala sudeste y la gran escalera o escalera de honor. La planta es cuadrada con un gran patio central. La puerta del Príncipe, en el lado este de la edificación, da acceso al patio central. Los jardines de Sabatini y Campo del Moro son otro de los atractivos del palacio, así como todas sus fachadas. Existe un debate a la hora de enmarcarlo en un estilo, dependiendo de los autores, unos se inclinan más por el barroco y otros por el neoclásico. Las dependencias interiores son muy numerosas y destacan el Salón de Alabarderos, el de las Columnas, el Salón de los Espejos y el Cuarto del Rey Carlos III, entre otros muchos. Se pueden contemplar pinturas de Velázquez, Goya, Rubens, El Greco y Caravaggio.
Como hemos visto, amplias son las colecciones que guardan estas salas, dichas tesoros fueron, a veces, casi temáticos, por la pasión de algunos monarcas hacia cierto tipo de piezas. En primer lugar podemos hablar del interés artístico nota común a casi todos los reyes, comenzando por Isabel la Católica y la pintura hispanoflamenca, y pasando por la extensa promoción artística de Felipe II. En resumen, la colección que logró establecerse fue magnifica, tanto en su valor como en su número. Y aunque gran parte de dicha recopilación pasó a formar parte de la colección permanente del Museo del Prado en el siglo XIX; muchas otras obras continuaron salvaguardadas en los interiores de los muros palaciegos, sin poder ser vistas ni admiradas, aspecto que se ha querido remediar creando un nuevo museo de colecciones reales.
Sus fachadas exteriores constan de dos cuerpos: un zócalo almohadillado en la base y, sobre éste, se dispone un cuerpo superior de dos pisos con una serie de gigantescas pilastras de orden toscano y en la parte central así como en los ángulos salientes de las cuatro fachadas, pilares de orden compuesto, el edificio se remata con una cornisa y balaustrada. Ante la fachada principal (fachada sur), de 130 metros de largo por 33 de alto, se extiende una explanada que conforma la Plaza de Armas, similar a la del incendiado alcázar. El palacio tiene un total de 870 ventanas y 240 balcones que se abren a fachadas y patio.
Las diferentes estancias están distribuidas en torno al gran patio central, con un pórtico de arcos entre pilastras dóricas sobre las que se sitúa una majestuosa galería acristalada con pilastras jónicas entre las arcadas. Esta distribución ideada por Sachetti es distinta a la planeada por Bernini para el proyecto del Louvre.
Para su construcción se utilizaron ladrillos, piedra berroqueña de Guadarrama y caliza de Colmenar de Oreja. Los mármoles provenían de Portugal e Italia, si bien la mayoría de los materiales fueron españoles como el pedernal, el granito, la caliza, etc., que se extrajeron principalmente de los alrededores de Madrid y los mármoles y jaspes de Guipúzcoa, Cataluña, Valencia, Andalucía y Extremadura. El hierro era vasco y el cobre de Coquimbo (Chile).
Salón de Gasparini
Realizado durante el reinado de Carlos III, está considerado uno de los más hermosos salones del palacio y ha llegado hasta nuestros días prácticamente sin ningún retoque. Por diferentes motivos se tardaron alrededor de 40 años en la conclusión del programa decorativo.
Era el lugar donde el rey se vestía en presencia de la corte, según la costumbre de la época. Su decoración, realizada por Matías Gasparini, presenta grandes originalidades del tipo chinoiserie en estilo rococó. Cabe destacar el reloj situado sobre la chimenea, obra de Pierre Jacquet Droz, con autómatas vestidos a la moda del siglo XVIII que bailan cuando, al dar las horas, un pastor sentado toca la flauta. Con sus ciento cincuenta metros cuadrados, es uno de los mayores salones del palacio.
En las cenas de gala que ofrecen los reyes se sirven en este salón el café y los licores.
Saleta de Porcelana
La Saleta de Porcelana tiene paredes y techo completamente recubiertos de placas de porcelana sujetas a un armazón interior de madera, ensambladas de tal forma que sus uniones quedan disimuladas entre adornos de telas y tallos imitados en porcelana.
Decorada entre 1765 y 1770, es obra de la primera etapa de la Real Fábrica del Buen Retiro, la de mayor esplendor, y se atribuye a José Gricci, Genaro Boltri y Juan Bautista de la Torre, los mismos autores que realizaron el Salón de Porcelana del Palacio de Aranjuez, si bien la Saleta del Palacio Real es de un estilo rococó más próximo al neoclasicismo, con el uso de unos colores más sobrios. El suelo fue dieñado por Gasparini.

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